Cremas reafirmantes, antiarrugas, efecto ‘lifting’… El mercado cosmético tiene una amplia oferta para hacer frente a los rigores de la edad. Pero hay muchas más armas. Y no tienen por qué ser incompatibles. Lo que ocurre es que el envejecimiento es un problema de fondo y, como tal, requiere algo más que una crema. «Por mucho que nos empeñemos en aplicarnos cremas o sueros milagrosos -que sólo actúan a niveles superficiales de la piel-, si el principal sostén de la piel, que son los músculos, está flácido, o presenta algún déficit nutricional, o nuestro sistema nervioso está alterado, nuestra piel lo reflejará», observa la osteópata y profesora de yoga Isabel Morillo.

Ante cualquier síntoma de decaimiento o arruga, lo mejor es ponerse manos a la obra. Ejercitar los músculos faciales es una opción, pero también hay otros métodos. Según el doctor Fernando Urdiales, en el catálogo también se encuentran los hilos tensores, la radiofrecuencia -que aumenta la producción de colágeno tipo 1- y el ‘lifting’ electrónico, que aplica microcorrientes, como una gimnasia pasiva. Si no, siempre quedará la cirugía. Aunque, como se suele decir, lo mejor será prevenir.