Estuvo en tres centros hospitalarios diferentes

El jueves 3 de marzo se levantó y se dirigió a cumplir uno de sus sueños: someterse a una operación estética de pecho. Lo que no sabía Susana Carrillo Barragán, una joven de 34 años nacida en Granada, era que a partir de esa intervención iba a vivir un infierno que acabaría con su vida el pasado domingo.

Susana ya se había hecho las pruebas preoperatorias y aquel día ingresó en un centro hospitalario privado para someterse a una intervención que le haría dejar de pensar en un complejo que tenía desde que dejó de amamantar a su hija.

“Tenía un pecho más grande que otro. Hace unos meses tuvo un accidente de tráfico por el que recibió una indemnización, entonces decidió invertir ese dinero en la intervención”, explica Juan Antonio García, la pareja de Susana. Estaba algo resfriada y tenía fiebre. Juan Antonio García asegura que el médico que la operó “le dijo que no pasaba nada, que le pondrían un tubo en la garganta para facilitarle la respiración”.

Al día siguiente de la intervención recibió el alta hospitalaria y se marchó a casa. Al respecto, el gerente del Hospital Chip, lugar en el que se llevó a cabo la operación, Jesús Burgos, afirma que la paciente abandonó el centro “absolutamente normal y sin ningún tipo de problema”.

“No tenemos constancia de que la mujer estuviese resfriada. El médico que la operó está colegiado como cirujano plástico y, aunque es externo al centro, en los diez o doce años que lleva trabajando con nosotros nunca ha tenido ningún problema”, insiste Burgos.

Pero Susana no se encontraba bien. Su pareja explica que pasó todo el fin de semana en casa con dificultad para respirar y andar: “Pensamos que era algo normal, que se debía al vendaje compresivo que llevaba en el pecho. Decidimos esperar hasta el lunes, cuando tenía cita con el cirujano”.

Tras quitarse las vendas, el resto del lunes fue una odisea. Juan Antonio García dice que su pareja “no aguantaba más, se asfixiaba”. “Tenía 40 de fiebre y decidí llamar a una ambulancia, que nos trasladó a las urgencias del hospital Clínico”, señala.

Al centro llegó con una neumonía severa, por lo que fue ingresada en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Pasaron 16 días hasta que Susana fue trasladada a la unidad de neumología. “Allí empezó a comer, a beber y a dar algunos pasos, por lo que nos pusimos muy contentos por la mejoría”, recuerda Juan Antonio García.

Quemaduras

La historia de Susana se volvió a torcer el mismo día que le iban a dar el alta en el Clínico. Su pareja dice que en el hospital le dieron una pastilla y le dijeron que, si toleraba bien esta medicación, se podría marchar a su casa. “A los 40 minutos de tomársela empezó a ponerse roja y le salieron ampollas por todo el cuerpo. Nos dijeron que había sufrido una reacción alérgica que le provocó un síndrome de Lyell. Presentaba quemaduras de segundo grado en todo el cuerpo. El centro nos recomendó el traslado al hospital Carlos Haya, donde hay una unidad de quemados y le hicimos caso», afirma Juan Antonio García. La madre de Susana recuerda que a su hija le quitaron toda la piel y la vendaron entera”.

Por su parte, desde el Clínico desmienten que una pastilla provocase ese proceso, aunque sí reconocen que Susana sufrió una reacción alérgica severa por la que fue trasladada al hospital Carlos Haya. Con las curas, en el tercer hospital en el que Susana quedaba ingresada, mejoró. Una mañana los familiares la encontraron “muy decaída” y los médicos, según Juan Antonio García, dijeron que parecía que “el anestesista se había pasado con la dosis de cloruro mórfico, que se le daba para combatir los dolores, y que se espabilaría”.

“Hacia el mediodía seguía igual, por lo que pedí un médico. Solo vino una enfermera, que le puso una pastilla bajo la lengua a Susana. Llegó la hora de abandonar el hospital, pero ella me pedía una y otra vez que no la dejase sola, que se encontraba muy mal. Le dije a las enfermeras que me dejasen acompañarla durante la noche, pero me echaron de la habitación”, cuenta la pareja de la joven.

Juan Antonio García recuerda que por la noche llamó para preguntar por el estado de Susana y que un médico le dijo que se fuese para el hospital porque su pareja estaba “muy grave”.

A toda prisa Juan Antonio García y Ana Barragán, la madre de Susana, fueron para el centro y a su llegada les informaron de que la paciente había sufrido una parada cardiorespiratoria, por lo que la habían ingresado en la UCI. “Nos dijeron que tenía los pulmones encharcados y que le había fallado el hígado y los riñones, por lo que estaba muy hinchada. Después de pasar a verla por última vez, a los 15 minutos, nos comunicaron su fallecimiento”, señala la pareja de la joven granadina. Juan Antonio García asegura que los médicos no sabían cuanto tiempo había pasado Susana en parada cardiorespiratoria, ya que se encontraba sola en la habitación cuando la sufrió.

Desde el Carlos Haya afirman que se ha realizado un seguimiento a la atención sanitaria que recibió Susana. Aún así, la familia de la joven informó de que denunciará a este centro por la “tardanza en la atención cuando sufrió la parada cardiorespiratoria”. Además, Juan Antonio García asegura que también emprenderán acciones legales “contra el Clínico por haberle suministrado supuestamente la pastilla, así como contra el médico y el anestesista que participaron en la intervención de estética”.
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