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El Tribunal Supremo celebró el último acto del drama de Antonio Meño, un hombre de 42 años que se quedó en coma en 1989 por una operación de cirugía estética. Después de que la Audiencia Provincial de Madrid y el Supremo absolviesen a la clínica donde lo operaron y al médico encargado de la anestesia (acusado de negligencia por los padres de Meño), la aparición de un nuevo testigo ha dado un vuelco al caso: el tribunal oyó ayer el testimonio de un doctor que afirma que presenció la cirugía y asegura que el paciente se quedó en coma por un fallo en la anestesia.
Hasta el momento, la versión que había prevalecido en los juzgados era la de la clínica Nuestra Señora de América y el anestesista, que sostienen que Meño vomitó después de la intervención (una vez desentubado) y perdió la respiración, lo que dejó su cerebro sin oxígeno. De ahí el coma, según ellos.
El Supremo dio crédito a esta versión, exculpó a los acusados y condenó a los padres de Meño a pagar los gastos procesales: 400.000 euros.
La reacción del matrimonio, dos jubilados de Móstoles, fue echarse a la calle para pedir “justicia”. Hace 505 días que viven en una caseta en una plaza del centro de Madrid.
Su hijo está con ellos, postrado en cama, en un coma de intensidad media que solo le permite mover algo los brazos y las piernas. No es capaz de hablar, pero hace sonidos sordos cuando algo le afecta, como ayer en la sala del tribunal, de donde tuvieron que sacarlo porque interrumpía la vista con sus gritos.
El factor que ahora pone en entredicho la sentencia en firme del Tribunal Supremo surgió durante la acampada. Un doctor se encontró en febrero con la caseta. Les dijo que había estado en la operación como aprendiz e hizo una declaración en la que culpaba al anestesista.
La familia presentó una demanda de revisión por maquinación fraudulenta (cuando una parte de un pleito oculta una prueba de manera interesada); es uno de los supuestos en que se puede revisar una sentencia en firme.
En la vista oral de ayer, rodeada de una expectación mediática inusual en el Supremo, el nuevo testigo aseguró que la causa de la muerte cerebral del paciente no fue un vómito en el posoperatorio, sino la desconexión de la respiración asistida durante la intervención. Según su versión, el accidente se agravó porque el anestesista tardó en volver del quirófano en que practicaba, al mismo tiempo, otra anestesia.

La Fiscalía pidió al Supremo que estime la demanda de revisión y anule las sentencias anteriores. Si es así, el caso se podría resolver con un acuerdo entre las partes o volver al punto cero, con Meño paralizado y 21 años más viejo.

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